La osteoporosis, que significa «hueso poroso», es una enfermedad esquelética sistémica caracterizada por una disminución de la masa ósea y un deterioro de la microarquitectura del hueso, lo que aumenta su fragilidad y el riesgo de fractura (1). Es un problema de salud pública considerable: se estima que, a nivel mundial, hay alrededor de 200 millones de personas con osteoporosis, y que una mujer de 50 años tiene un riesgo elevado de sufrir una fractura relacionada a lo largo de su vida (2,3).
Aunque no presenta síntomas en sus primeras etapas, puede manifestarse con fracturas, especialmente en cadera, columna o muñeca. Por ello, la detección temprana y la prevención son fundamentales (1).
El hueso cumple funciones estructurales, protege órganos vitales, permite el movimiento y actúa como la principal reserva de calcio del cuerpo. A lo largo de la vida pasa por dos procesos: el modelado óseo, que ocurre durante el crecimiento y define forma y tamaño, y el remodelado óseo, la renovación continua del tejido mediante la acción coordinada de células que destruyen hueso viejo (osteoclastos) y células que forman hueso nuevo (osteoblastos), un proceso normal durante toda la vida (4).
Durante la infancia y adolescencia se forma más hueso del que se pierde, alcanzando el llamado «pico de masa ósea» alrededor de los 30 años. A partir de ahí comienza una pérdida progresiva, que se acelera en mujeres tras la menopausia debido a la caída de estrógenos, y que puede derivar en osteoporosis si no se toman medidas preventivas (3,4).
Entre los factores de riesgo más documentados están el sexo femenino, la edad avanzada, la menopausia precoz, los antecedentes familiares de fractura, el bajo peso corporal, la ingesta insuficiente de calcio y vitamina D, el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol y el sedentarismo (3,5).
El diagnóstico se realiza mediante una densitometría ósea (DEXA), que mide la densidad mineral ósea y la compara con la de un adulto joven de referencia; una diferencia de 2.5 desviaciones estándar o más por debajo de ese valor define la osteoporosis según la Organización Mundial de la Salud (1,5).
La alimentación, el ejercicio y los hábitos diarios tienen un rol respaldado por la evidencia científica en la prevención y el manejo de la osteoporosis, desde el calcio y la vitamina D hasta la actividad física de fuerza. Profundizamos en cada uno, con estudios y datos concretos, en el siguiente artículo de esta serie.
Consultar con un profesional de salud permite evaluar el riesgo individual y diseñar un plan nutricional y preventivo personalizado.
Este artículo tiene fines educativos y no reemplaza la evaluación de un profesional de la salud.